Las estadísticas de informalidad laboral son una clara muestra de que ni el sector privado ni el Estado están dispuestos a modificar la situación en un Tucumán donde el 40% de la economía se desarrolla en la oscuridad; está en negro. El distrito evidencia un problema de falta de calidad del empleo, donde sus habitantes, generalmente caminan por la cuerda floja porque sus empleadores se niegan a registrarlos por una cuestión de costo laboral y porque el Estado no ha mostrado efectividad en la fiscalización del trabajo.

El ejército de trabajadores en negro en el Gran Tucumán-Tafí Viejo es tan elevado, el más alto de la Argentina, que pelea cabeza a cabeza con el total de empleados privados registrados e, incluso, llega a superar la cifra de agentes públicos existentes en toda la provincia (unos 100.000 aproximadamente, incluyendo contratados en municipios y comunas rurales).

El 47,6% de informalidad laboral es más preocupante aún al analizar el impacto entre los más jóvenes. En Tucumán, la tasa de desocupación entre las mujeres de hasta 29 años duplica a la general (fue del 5%), pero la situación se complica más entre los jóvenes, donde la desocupación ha llegado al 12,6%. El desánimo en esta franja etaria es mayor cuando el mercado reclama “jóvenes con experiencia”.

La situación parece que no va a cambiar. Durante el tercer trimestre, siete de cada 10 empresas han señalado que no han realizado búsqueda de personal, según la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) del Ministerio de Trabajo de la Nación. Aún más, el 87,6% de las empresas encuestadas por la cartera que ahora encabeza Jorge Triaca en todo el país estimó que sus plantillas de personal no se modificarán, mientras que un 8,8% contestó que se incrementarán en los últimos meses del año.

Según al EIL, la profundización de la baja de la actividad ha golpeado de lleno al mercado laboral tucumano. De hecho, el 61% de las empresas adujo baja de personal debido a la falta de la demanda de bienes o servicios que producen. La rama de la construcción es una de las franjas que más ha sentido la desaceleración: el 37% de las bajas responde a la finalización de la obra, indica el reporte oficial.

Paralelamente, hay más temor de los empleados a perder el puesto formal; más bien una conducta a conservar y no buscar nuevas oportunidades: el 18% decide irse de una compañía, un porcentaje que se ha disminuido a la mitad, según muestra la tendencia de los últimos dos años. No obstante, la renuncia es la segunda modalidad legal más elevada del distrito, con un 18,6% de los casos.

A modo de conclusión, en función de la mirada empresarial, los puestos que más se demandan no son de calidad; son los no calificados, pese a que el 62,5% de los lugares que se declaran vacantes son para tareas operativas, es decir, que requieren cierta experiencia y conocimiento.

En suma, Tucumán debería subirse a la ola nacional que propicia un acuerdo económico y social en el que no solamente el Estado y el sector privado discutan políticas salariales, sino también que, en esa mesa, se muestren las cartas para combatir la informalidad y para que aquella declamación de crecimiento económico con inclusión social sea una realidad en los hechos.